Ciudad Juárez 2

A la memoria de Christian Humberto, a quien manos –y balas- asesinas y le cegaron la vida de la manera más cobarde en la plenitud de la vida, a sus 21 años y cuando el otro lado de la orilla en el río de su formación universitaria, estaba a punto de ser alcanzada

Julián Parra Ibarra

Con Jaime Muñoz Vargas me unen muchas cosas, quizá desde el origen de nuestras raíces -ambos nacimos en Gómez Palacio- nadamás que él pasó su infancia en el barrio bravo conocido entonces como ‘Barrio Azul’, y yo allá por el rumbo del llamado ‘rastro viejo’, en el barrio conocido como el ‘Mayab’ porque nacía en el cruce de las calles Mártires y Abasolo.

Sin conocernos en aquella época, cada quién tomó caminos distintos, hasta que el destino nos hizo encontrarnos en la redacción de la revista Brecha, con Jorge Arturo Torres Vargas, primo hermano de Jaime. Ahí conocí también a Luis Rogelio, el hermano mayor de Jaime, maestro, buen fotógrafo, buen conversador y mejor persona.

No todos, pero tengo ejemplares de algunos de los libros que Jaime –el escritor lagunero contemporáneo más prolífico-, ha publicado. Al menos un par de ellos los conservo además de por su contenido, porque mi amigo no solamente me los regaló, sino que me los dedicó.

El primero que lleva mensaje y rúbrica del autor –Pálpito de la Sierra Tarahumara-, lo guardo como un tesoro porque los conceptos que me dedica me ponen la piel chinita cada vez que lo leo, porque más que al amigo o al periodista, se lo dedicó al padre de familia que durante muchos años supo al mismo tiempo ser madre de cuatro hijos.

Ese libro, me consta, lo fue tejiendo con paciencia, con mucha paciencia, cada fin de semana que viajaba en su entonces bien cuidada ‘Caribe’ a Chihuahua para visitar a su amada Renata. Luego vendría su boda y la amistad creció casi en la misma proporción que su familia, porque su hogar hoy en día lo iluminan además de su linda esposa, tres preciosas hijas.

Cada ida a Chihuahua, es un trozo que al final unidos pudieron formar ese Pálpito de la Sierra Tarahumara. Igual después de aquel libro fue creciendo la producción, vinieron más libros y empezaron a llover los premios y reconocimientos, y Jaime se volvió todavía más generoso cuando se incorporó –y ahí volvimos a ser compañeros-, como columnista en el diario La Opinión Milenio, donde diariamente nos regala desde hace poco más de un lustro, gotas diarias de su creación literaria.

Por encima del reconocimiento que tengo por mi amigo Jaime Muñoz Vargas el escritor, está el respeto, el cariño y el profundo aprecio que siento por él y su familia. Por eso, el mediodía del jueves que charlamos telefónicamente para que me explicara un correo electrónico que me hizo llegar y que no entendía -o quizá no quería entender sabedor de que las palabras ‘Nos tocó’ podría traer detrás suyo-, me dolió hasta lo más profundo de mi alma.

No me avergüenzo de confesarlo porque me tocó fibras sensibles: me tomé unos minutos a solas en mi oficina para llorar el dolor, la impotencia, la rabia, el coraje y no sé cuántos sentimientos más que hemos venido reprimiendo en silencio los habitantes de la Comarca Lagunera en los últimos años, y que por haber callado tantas cosas tanto tiempo, nos ha llevado a las condiciones en que hoy vive La Laguna, en que hoy se vive en La Laguna.

Como hijo de familia, como hermano, como padre, como compañero, como abuelo, como amigo, como originario y habitante de esta región, no me canso de preguntar –y no en silencio-, a cuantas personas y en cuanto espacio tengo oportunidad de hacerlo, ¿hasta cuándo vamos a mantenernos callados, agachados, sometidos, pisoteados, humillados, violentados y hasta asesinados?

¿Qué es lo que estamos esperando en La Laguna para despertar y reaccionar de una manera congruente con el slogan de nuestra tierra de que somos brazo que lucha y espíritu que crea? ¿Por qué nos hemos vuelto tan cobardes y tan mediocres? ¿Por qué no hemos sido capaces de levantar la voz, de gritar nuestro dolor y exigir a quienes debieran garantizarnos nuestra seguridad en nuestros bienes y en nuestras personas?

¿Estamos esperando cada quien a reaccionar de manera personal hasta que le toque a un integrante de nuestra familia o a un amigo cercano? ¿Estamos hechos de un material diferente que la gente que habita Ciudad Juárez y cuyo ‘levantamiento’ obligó al presidente de la República a ir tres meses en un mes cuando no lo había hecho en todo su sexenio? ¿Somos distintos a la sociedad regiomontana que reaccionó con indignación por la formas brutal en que fueron asesinados dos brillantes estudiantes del Tecnológico de Monterrey, y que con su voz obligó a la asistencia del secretario de Gobernación y de la primera Dama de este país?

¿O qué la vida de dos estudiantes de la UANE no tienen el mismo valor que los dos de Monterrey, y cuyo pecado fue al parecer tratar de evitar ser asaltados y de manera cobarde fueron atacados por la espalda?

¿Estamos esperando que La Laguna se nos convierta en Ciudad Juárez 2, que haya masacres –más todavía, como la que ocurrió en el bar Ferrie- de jóvenes para poder gritar y levantar la voz? ¿Necesitamos que los niveles de violencia de nuestra región se equipare  a los alcanzados en Ciudad Juárez y en todo el estado de Nuevo León para poder exigir?

¿Hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que nos sigan asesinando a nuestros hijos

jparrai@yahoo.com.mx

julianparra@coahuiltecamedios.com


Torreón, Coahuila
Viernes 12 de Marzo de 2010
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