
¿Continúa el desafío del crimen organizado?
Editorial Vanguardia
Ayer, de acuerdo con los datos que oficial y extraoficialmente se conocieron a lo largo del día, un grupo de individuos armados habría secuestrado a la directora del Centro de Readaptación Social Femenil de Saltillo, quien fue “liberada” horas más tarde.
Para fortuna de la funcionaria plagiada -y de todos, bien puede decirse-, el desenlace de esta historia no fue trágico, aunque desconocemos la forma en la cual se registró su “liberación” y, por tanto, las implicaciones ulteriores del hecho.
Por ello mismo, y al menos mientras no se conozca mayor información sobre el suceso, cabe preguntarse sobre el significado del mismo, sobre las razones por las cuales un grupo delictivo secuestra y pone en libertad, en el mismo día, a la responsable de la administración de un centro de reclusión penal.
No cabe, por desgracia, la posibilidad de considerar que estamos atestiguando un despropósito, es decir, un plagio que no perseguía fin alguno, que ocurrió simplemente “porque sí”.
Es dable suponer, por desgracia, que el hecho forma parte de las “advertencias” o de las “amenazas” que, de manera velada y, aparentemente, abierta, han formulado el o los grupos delincuenciales que operan en territorio coahuilense y más concretamente en Saltillo.
Y como se ha dicho en ocasión de episodios anteriores, hoy debe insistirse en que aquí lo importante es, en todo caso, el “mensaje” que los delincuentes desean enviar, es decir, lo que pretenden que el Gobierno del Estado haga o deje de hacer.
El plagio de ayer también contiene un mensaje relativo a los límites a los cuales buscarían escalar los autores del mismo en caso de no ver satisfechas sus demandas, un dato que debe preocuparnos a todos porque de éste depende la tranquilidad colectiva.
Se trata, por supuesto, de información sensible y es de entenderse el sigilo con el cual la están manejando las autoridades que ayer ni siquiera quisieron confirmar el nombre de la funcionaria secuestrada.
Sin embargo, en aquello que tiene que ver con la tranquilidad colectiva, en aquello que el “mensaje” de la delincuencia tenga que ver con la descomposición del clima social, valdría la pena que la autoridad compartiera la información necesaria para que todos podamos adoptar -en el caso de que ello sea posible- las medidas preventivas del caso.
Y, por supuesto, si lo ocurrido ayer no forma parte de las acciones que en su actitud de desafío a la autoridad han realizado las bandas delincuenciales, también resulta indispensable que eso se aclare, pues en la medida en que exista poca información oficial sobre el caso, el vacío se llenará con rumores y especulaciones que, a fuerza de repetirse, terminan pareciendo verdad.

